Una ciudad que suspira

Peirao da Palloza, 1 de febrero de 2021

Desde la ventana de mi primera habitación se escuchaban los tres bostezos del despertar de la ciudad: las bocinas de los buques, la sirena del primer turno de la Fábrica de Tabacos y el graznido de las gaviotas. A esa hora circulaba por mi calle una furgoneta diésel que se detenía sin apagar el motor para dejar a toda prisa los periódicos en el kiosco. Frescos, recién plegados y con el calor remanente de la rotativa todavía entre sus páginas. Para cuando pasaba el primer autobús del día, la avenida de entrada a la ciudad ya llevaba tres cafés encima pero nuestro sol atlántico, siempre perezoso, aún estaba pidiendo cinco minutitos más antes de levantarse y empezar a dorar las enormes naves del muelle de San Diego y los pórticos impregnados de salitre de la lonja del Gran Sol.

Dice Rem Koolhaas que nuestro modelo de vida en la ciudad está pasando, conceptualmente, del trabajo al ocio, y, por tanto, la estética de la ciudad está pasando cada vez más de la empresa seria a la condición de recreo. Basta con observar la evolución del paisaje de cualquier ciudad portuaria: los veleros van sustituyendo a los palangreros, los yates a los cerqueros y los trasatlánticos a los cargueros. Las ciudades ya no se planifican para ser vividas sino que se diseñan para ser consumidas, ofreciendo al mercado una autoimagen decorativa, previsible y espectacularizada que busca seducir al turista a costa del bienestar del habitante.

En este camino de infantilización de las ciudades nos hemos llevado lejos de nuestra vista las fábricas, los almacenes e incluso los puertos, así que cada vez es más infrecuente encontrarse una ferretería, una marmolería o una tienda de efectos navales al doblar una esquina de cualquier barrio. Del mismo modo, no es ninguna sorpresa que un estudio del Museo de Ciencias británico sugiera que el cromatismo del mundo se ha vuelto más gris y menos vibrante, pero en este proceso de homogeneización, el paisaje sonoro también ha perdido gran parte de su profundidad, su calidez y su memoria.

Las ciudades han deshumanizado la condición estética de lo tangible para sustituirla por el trampantojo mercantilizado de lo virtual, así que ahora, cuando me levanto antes del amanecer, ya no están ahí las bocinas de los buques ni la sirena de la Fábrica de Tabacos, pero cuando escucho a lo lejos el menguante graznido de las gaviotas ya no sé si lo que suena es el bostezo de una ciudad que despierta o la ansiedad de una ciudad que suspira.

 

Créditos de la imagen: Peirao da Palloza, A Coruña (1968-1969)

 

Bibliografía:

Koolhaas, Rem: Estudios sobre (lo que en su momento se llamó) la ciudad, Ed. Gustavo Gili, 2021

Sleeman, Cath: Colour & Shape: Using Computer Vision to Explore the Science Museum Group Collection, Science Museum Group Digital Lab, 2020