• Sal a bailar

    Desde que vivíamos en las cavernas, la comunidad busca en nosotros —los artistas, los diseñadores y los creativos— el poder de una voz verdaderamente valiente, genuina y libre. Si ahora sentimos miedo a expresarnos es porque hemos dejado que nos arrebaten ese poder, el único que da un sentido completo a lo que hacemos.

  • Haz lo que te dé la gana, pero hazlo

    El futuro nos juzgará por lo que hagamos y no por lo que querríamos haber hecho. Te puedo asegurar que hay muchas formas de dedicarse a esto. Basta con echar un vistazo a la historia para encontrar ejemplos de artistas que han pintado carteles, que han conducido taxis, que han expuesto en bares y que han tenido una idea genial para una pieza mientras llevaban a su crío con fiebre al centro de salud. 

  • El paisaje no existe sin unos ojos que lo toquen y unos pies que lo midan

    El paisaje no existe sin unos ojos que lo toquen y unos pies que lo midan. Después sucede todo lo demás, pero esas son las dos condiciones fundamentales. Si no hay alguien que lo mire y que lo pise, el paisaje se convierte en una mera sucesión de parajes, por lo que es el individuo el que lo completa, del mismo modo que es el espectador el que completa una obra de arte.

  • Celebremos a los artistas en vida

    Hoy escribo sobre celebrar en vida la obra de esos artistas que nos enseñan nuevas forma de escuchar y mirar el mundo. Porque siempre es mejor ser puntual con una copa de vino que llegar a destiempo con una corona de flores.

  • Armónicas, vocaciones y pulsiones genuinas

    Con la bajada del sol, un hombre ya anciano había salido al atrio de su casa a tocar su armónica. Estaba solo pero no la estaba tocando para mí. No la estaba tocando para nadie que pasase por allí a esa hora. Y no, tampoco la estaba tocando para él mismo. Ese hombre estaba tocando su armónica simplemente porque no podía evitarlo. En eso consiste la vocación para un artista: en dar respuesta a una pulsión genuina que se ha vuelto incontenible.