• Me gusta conducir

    Conducir el Audi de mi padre es algo más que manejar un maquinote de tonelada y media. A veces pienso que al arrancar en frío el motor, se inicia una nueva conversación en diferido con él y con su generación. Como si la memoria se pudiese reescribir a partir de ese primer ralentí.

  • El misterio de lo tangible

    Hay algo denso en la raíz poética de los materiales que se activa cuando llegan a ser parte de una obra. Su sustancia se transforma y permite el trenzado de lo visible con lo invisible

  • El tacto como consecuencia

    En un presente saturado de imágenes y distorsiones generadas por la IA, lo háptico empieza a recobrar peso. No como reacción, sino como una consecuencia orgánica. ¿Podría ser esta la vía de escape a nuestra crisis de imaginación?

  • ¿Quién nos va a querer si no nos queremos nosotros mismos?

    Llevamos décadas atrapados en una crítica sin propuesta, cultivando una cortesanía que prefiere la náusea al apetito. Pero algo está cambiando. Empiezan a surgir voces que no temen afirmar, construir, querer. Voces que narran lo que somos con rigor, con ternura y sin pedir permiso. Esta carta no es una queja: es una apuesta. Un gesto a favor de lo próximo, lo popular, lo que ya estaba ahí.

  • Sal a bailar

    Desde que vivíamos en las cavernas, la comunidad busca en nosotros —los artistas, los diseñadores y los creativos— el poder de una voz verdaderamente valiente, genuina y libre. Si ahora sentimos miedo a expresarnos es porque hemos dejado que nos arrebaten ese poder, el único que da un sentido completo a lo que hacemos.

  • Dólmenes, menhires y paisajes futuros

    Los dólmenes y los menhires fueron el primer gesto estético sobre el territorio, definiendo el origen común de la escultura, la arquitectura y el diseño, y también una herencia que nos sirve como herramienta para diseñar el paisaje futuro