El misterio de lo tangible
Hay algo denso en la raíz poética de los materiales que se activa cuando llegan a ser parte de una obra. Su sustancia se transforma y permite el trenzado de lo visible con lo invisible
Hay algo denso en la raíz poética de los materiales que se activa cuando llegan a ser parte de una obra. Su sustancia se transforma y permite el trenzado de lo visible con lo invisible
Una defensa del ornamento frente al funcionalismo y una encendida celebración de lo que somos.
Llevamos décadas atrapados en una crítica sin propuesta, cultivando una cortesanía que prefiere la náusea al apetito. Pero algo está cambiando. Empiezan a surgir voces que no temen afirmar, construir, querer. Voces que narran lo que somos con rigor, con ternura y sin pedir permiso. Esta carta no es una queja: es una apuesta. Un gesto a favor de lo próximo, lo popular, lo que ya estaba ahí.
El panorama creativo de hoy es cada vez más uniforme, predecible, ensimismado y autorreferencial, pero, ¿qué nos sucede? ¿Sufrimos una crisis de futuro o es nuestra imaginación la que ha perdido la fuerza para plantear otros caminos? ¿Estamos condenados a ser una nota al pie en la historia cultural o podemos encontrar una salida a este estancamiento?
Concebir una imagen del mundo sugiere una cierta ilusión de dominio sobre el mismo. Por ese motivo, la tarea de representarlo se le encargó a los artistas durante siglos.
El proceso de transmutación de la Gran Obra alquímica busca que el espíritu se convierta en cuerpo y que el cuerpo se convierta en espiritu a través de la transformación de la forma y la materia, pero lo relevante para mí es su parecido con el proceso de análisis y síntesis, a caballo entre la experiencia y la especulación, que llevo a cabo como artista en el taller.
Buena parte de las herramientas que uso a diario en el taller eran de mi abuelo Antonio. Soy hijo, nieto y sobrino de personas que sabían cómo construir una casa, cómo elaborar un queso, cómo coser un pantalón tejano o cómo cambiar una rueda
Cuando los García Bello nos adentramos en estas fiestas nos ponemos a la tarea de insuflar nueva vida a lo único que nos cayó en herencia: una importante tradición de recetas con apellido.
Los dólmenes y los menhires fueron el primer gesto estético sobre el territorio, definiendo el origen común de la escultura, la arquitectura y el diseño, y también una herencia que nos sirve como herramienta para diseñar el paisaje futuro
Para contar esta historia hay que remontarse a la segunda mitad del siglo XII, cuando Don Gaiferos coincidió en Fisterra con Egberto de Tournai, el trovero que le ayudó a llegar a Santiago de Compostela.