• ¿Quién nos va a querer si no nos queremos nosotros mismos?

    Llevamos décadas atrapados en una crítica sin propuesta, cultivando una cortesanía que prefiere la náusea al apetito. Pero algo está cambiando. Empiezan a surgir voces que no temen afirmar, construir, querer. Voces que narran lo que somos con rigor, con ternura y sin pedir permiso. Esta carta no es una queja: es una apuesta. Un gesto a favor de lo próximo, lo popular, lo que ya estaba ahí.

  • Más allá del desierto

    Concebir una imagen del mundo sugiere una cierta ilusión de dominio sobre el mismo. Por ese motivo, la tarea de representarlo se le encargó a los artistas durante siglos.

  • Solve et coagula: esculpiendo como un alquimista

    El proceso de transmutación de la Gran Obra alquímica busca que el espíritu se convierta en cuerpo y que el cuerpo se convierta en espiritu a través de la transformación de la forma y la materia, pero lo relevante para mí es su parecido con el proceso de análisis y síntesis, a caballo entre la experiencia y la especulación, que llevo a cabo como artista en el taller.

  • Las herramientas que heredamos

    Buena parte de las herramientas que uso a diario en el taller eran de mi abuelo Antonio. Soy hijo, nieto y sobrino de personas que sabían cómo construir una casa, cómo elaborar un queso, cómo coser un pantalón tejano o cómo cambiar una rueda

  • Una ciudad que suspira

    Dice Rem Koolhaas que nuestro modelo de vida en la ciudad está pasando, conceptualmente, del trabajo al ocio, de la empresa seria a la condición de recreo. Las ciudades ya no se planifican para ser vividas sino que se diseñan para ser consumidas y en este proceso de homogeneización, el paisaje sonoro también ha perdido profundidad, calidez y memoria.

  • Dólmenes, menhires y paisajes futuros

    Los dólmenes y los menhires fueron el primer gesto estético sobre el territorio, definiendo el origen común de la escultura, la arquitectura y el diseño, y también una herencia que nos sirve como herramienta para diseñar el paisaje futuro

  • Armónicas, vocaciones y pulsiones genuinas

    Con la bajada del sol, un hombre ya anciano había salido al atrio de su casa a tocar su armónica. Estaba solo pero no la estaba tocando para mí. No la estaba tocando para nadie que pasase por allí a esa hora. Y no, tampoco la estaba tocando para él mismo. Ese hombre estaba tocando su armónica simplemente porque no podía evitarlo. En eso consiste la vocación para un artista: en dar respuesta a una pulsión genuina que se ha vuelto incontenible.