• Saber hacer para hacer saber

    Nuestras capacidades más humanas no caben en un algoritmo. Frente a la automatización en marcha, reivindico el oficio del artista: una forma de mirar, comprender y decidir que trenza razón y sensibilidad para construir sentido.

  • El tacto como consecuencia

    En un presente saturado de imágenes y distorsiones generadas por la IA, lo háptico empieza a recobrar peso. No como reacción, sino como una consecuencia orgánica. ¿Podría ser esta la vía de escape a nuestra crisis de imaginación?

  • Más allá del desierto

    Concebir una imagen del mundo sugiere una cierta ilusión de dominio sobre el mismo. Por ese motivo, la tarea de representarlo se le encargó a los artistas durante siglos.

  • Las herramientas que heredamos

    Buena parte de las herramientas que uso a diario en el taller eran de mi abuelo Antonio. Soy hijo, nieto y sobrino de personas que sabían cómo construir una casa, cómo elaborar un queso, cómo coser un pantalón tejano o cómo cambiar una rueda

  • Dólmenes, menhires y paisajes futuros

    Los dólmenes y los menhires fueron el primer gesto estético sobre el territorio, definiendo el origen común de la escultura, la arquitectura y el diseño, y también una herencia que nos sirve como herramienta para diseñar el paisaje futuro