• Un nosequé

    El acto creativo consiste en urdir una sensata promesa de sentido. Y el artista debe velar por que cada obra decante su propia verdad y anuncie a quien la contempla un conocimiento sabroso: un nosequé donde lo infinito asoma en lo finito.

  • Lo demás lo decide el pliegue

    Una serie nacida del azar, del pliegue y del gesto mínimo. En esta carta comparto por primera vez el proceso de trabajo detrás de mis nuevas piezas: percal, grafito, agua, calor y la escucha atenta de lo que la materia tiene que decir.

  • Montes, ríos y patrias chicas

    Los romanos solían bautizar los lugares que conquistaban con nombres ya existentes en su cultura. Al nombrar colinas y ríos con referencias a su propia espiritualidad lograban reconocerse en el territorio, legitimando así su dominio e integrando a la nueva población en la gran cosmovisión de Roma. 

  • Barcelona y el misterio como refugio

    Necesito misterio en mi vida. Eso es lo que le digo a mi mujer cuando buscamos una película de ciencia ficción para acabar la tarde del domingo o cuando planeo un gran paseo para sacudirme el cuerpo y liberarme de la insaciable y neurótica trituradora en la que se ha convertido la realidad en la que vivimos. Y cuando eso sucede, siempre acabo buscando entre los cabos sueltos de lo oculto el material necesario con el que trenzar alguna nueva ficción en la que encastillarme.

  • Salir de la ciudad caminando

    Es difícil poner palabras a la desbordante necesidad de salir de la ciudad caminando, al arrebato de ir hacia los límites, a la transverberante llamada a afuerarse.

  • Cómo medir el arco de un parpadeo

    Cómo medir el arco de un parpadeo, la extensión máxima de la caja torácica al respirar, el paso mínimo, la apertura de las narinas al llegar a lo alto de un monte. Cómo medir la temperatura de una caricia en una despedida. O en un encuentro. O su coeficiente de fricción en un día húmedo de verano.