Trenzando lo háptico y lo alucinado
¿Se puede incorporar la IA al proceso creativo sin comprometer su integridad? Un caso de estudio desde la escultura.
¿Se puede incorporar la IA al proceso creativo sin comprometer su integridad? Un caso de estudio desde la escultura.
En un presente saturado de imágenes y distorsiones generadas por la IA, lo háptico empieza a recobrar peso. No como reacción, sino como una consecuencia orgánica. ¿Podría ser esta la vía de escape a nuestra crisis de imaginación?
Llevamos décadas atrapados en una crítica sin propuesta, cultivando una cortesanía que prefiere la náusea al apetito. Pero algo está cambiando. Empiezan a surgir voces que no temen afirmar, construir, querer. Voces que narran lo que somos con rigor, con ternura y sin pedir permiso. Esta carta no es una queja: es una apuesta. Un gesto a favor de lo próximo, lo popular, lo que ya estaba ahí.
El panorama creativo de hoy es cada vez más uniforme, predecible, ensimismado y autorreferencial, pero, ¿qué nos sucede? ¿Sufrimos una crisis de futuro o es nuestra imaginación la que ha perdido la fuerza para plantear otros caminos? ¿Estamos condenados a ser una nota al pie en la historia cultural o podemos encontrar una salida a este estancamiento?
Desde que vivíamos en las cavernas, la comunidad busca en nosotros —los artistas, los diseñadores y los creativos— el poder de una voz verdaderamente valiente, genuina y libre. Si ahora sentimos miedo a expresarnos es porque hemos dejado que nos arrebaten ese poder, el único que da un sentido completo a lo que hacemos.
Viajamos hacia el futuro mientras el futuro viaja hacia nosotros, pero el futuro solo será lo que hagamos con él. Por eso necesitamos a más idealistas sensatos, porque lo revolucionario hoy es el optimismo de lo posible.