• Diez años

    Este mes celebro diez años en ARCO. Diez. Me he repetido esta cifra varias veces durante la última semana para poner las cosas en perspectiva. Diez años dando la turra con la escultura, las formas del paisaje y la poética de los materiales.

  • Del método a la manera

    El método se presenta hoy como una secuencia de pasos que cualquiera puede recorrer para alcanzar un fin previsto. En un mundo que acelera hacia la abstracción, cultivar la concreción de la manera es una señal de sensatez.

  • Saber hacer para hacer saber

    Nuestras capacidades más humanas no caben en un algoritmo. Frente a la automatización en marcha, reivindico el oficio del artista: una forma de mirar, comprender y decidir que trenza razón y sensibilidad para construir sentido.

  • El espacio que crece hacia dentro

    Existe un desfase sutil entre la aritmética y la respuesta de la materia. Una discrepancia que mide la distancia exacta entre la perfección de la idea y la crudeza de lo real: el lugar donde empieza el territorio del arte.

  • Un nosequé

    El acto creativo consiste en urdir una sensata promesa de sentido. Y el artista debe velar por que cada obra decante su propia verdad y anuncie a quien la contempla un conocimiento sabroso: un nosequé donde lo infinito asoma en lo finito.

  • El misterio de lo tangible

    Hay algo denso en la raíz poética de los materiales que se activa cuando llegan a ser parte de una obra. Su sustancia se transforma y permite el trenzado de lo visible con lo invisible

  • Jugar mal

    En treinta años no he conseguido terminar ni media docena 
de videojuegos. 

Pero descubrí una estrategia tremendamente valiosa en 
el campo del arte y el diseño.


  • El tacto como consecuencia

    En un presente saturado de imágenes y distorsiones generadas por la IA, lo háptico empieza a recobrar peso. No como reacción, sino como una consecuencia orgánica. ¿Podría ser esta la vía de escape a nuestra crisis de imaginación?

  • ¿Quién nos va a querer si no nos queremos nosotros mismos?

    Llevamos décadas atrapados en una crítica sin propuesta, cultivando una cortesanía que prefiere la náusea al apetito. Pero algo está cambiando. Empiezan a surgir voces que no temen afirmar, construir, querer. Voces que narran lo que somos con rigor, con ternura y sin pedir permiso. Esta carta no es una queja: es una apuesta. Un gesto a favor de lo próximo, lo popular, lo que ya estaba ahí.

  • Sal a bailar

    Desde que vivíamos en las cavernas, la comunidad busca en nosotros —los artistas, los diseñadores y los creativos— el poder de una voz verdaderamente valiente, genuina y libre. Si ahora sentimos miedo a expresarnos es porque hemos dejado que nos arrebaten ese poder, el único que da un sentido completo a lo que hacemos.

  • Haz lo que te dé la gana, pero hazlo

    El futuro nos juzgará por lo que hagamos y no por lo que querríamos haber hecho. Te puedo asegurar que hay muchas formas de dedicarse a esto. Basta con echar un vistazo a la historia para encontrar ejemplos de artistas que han pintado carteles, que han conducido taxis, que han expuesto en bares y que han tenido una idea genial para una pieza mientras llevaban a su crío con fiebre al centro de salud. 

  • El paisaje no existe sin unos ojos que lo toquen y unos pies que lo midan

    El paisaje no existe sin unos ojos que lo toquen y unos pies que lo midan. Después sucede todo lo demás, pero esas son las dos condiciones fundamentales. Si no hay alguien que lo mire y que lo pise, el paisaje se convierte en una mera sucesión de parajes, por lo que es el individuo el que lo completa, del mismo modo que es el espectador el que completa una obra de arte.

  • Más allá del desierto

    Concebir una imagen del mundo sugiere una cierta ilusión de dominio sobre el mismo. Por ese motivo, la tarea de representarlo se le encargó a los artistas durante siglos.

  • Solve et coagula: esculpiendo como un alquimista

    El proceso de transmutación de la Gran Obra alquímica busca que el espíritu se convierta en cuerpo y que el cuerpo se convierta en espiritu a través de la transformación de la forma y la materia, pero lo relevante para mí es su parecido con el proceso de análisis y síntesis, a caballo entre la experiencia y la especulación, que llevo a cabo como artista en el taller.

  • Las herramientas que heredamos

    Buena parte de las herramientas que uso a diario en el taller eran de mi abuelo Antonio. Soy hijo, nieto y sobrino de personas que sabían cómo construir una casa, cómo elaborar un queso, cómo coser un pantalón tejano o cómo cambiar una rueda

  • Celebremos a los artistas en vida

    Hoy escribo sobre celebrar en vida la obra de esos artistas que nos enseñan nuevas forma de escuchar y mirar el mundo. Porque siempre es mejor ser puntual con una copa de vino que llegar a destiempo con una corona de flores.

Se muestran todos los entradas