Barcelona, 5 de septiembre de 2024
Septiembre siempre se abre paso con ese olor ilusionante a estuche nuevo, incluso cuando uno ya tiene canas en la barba y lleva tanto tiempo pagando la cuota de autónomos. De hecho, hace unos quince años que pagué la primera y empecé esta vida de navaja suiza, combinando el oficio de artista con el de diseñador. En este tiempo nunca faltaron voces de intermediarios a mi alrededor recomendándome que me entregase a la perpetua precariedad y entregase mis talentos a la elevada causa del arte institucionalizado en un país en permacrisis como éste.
Afortunadamente nunca les hice caso, pero reconozco su éxito en la tarea de taladrar la autoestima de nuestros compañeros de oficio. Gente como tú y como yo que al regresar de la oficina, de visitar a un cliente, de estar detrás de un mostrador o de acostar a sus hijos, saca tiempo de donde no lo tiene para seguir pintando o esculpiendo. Y es que la dignidad del oficio de artista reside en continuar pese a todo y contra todo. Y en hacerlo simplemente porque no puedes evitarlo.
Reconozco que destino una enorme cantidad de energía a meterme en líos y pisar charcos, pero he llegado a la conclusión de que esto tiene más de virtud que de defecto. Por eso, en este tiempo que he dedicado al arte, también he diseñado para empresas grandes y pequeñas, he escrito relatos y cartas, he contado historias en charlas y talleres, he puesto un pie en la moda y he participado en grupos de trabajo sobre asuntos públicos.
El futuro nos juzgará por lo que hagamos y no por lo que querríamos haber hecho. Te puedo asegurar que hay muchas formas de dedicarse a esto. Basta con echar un vistazo a la historia para encontrar ejemplos de artistas que han pintado carteles, que han conducido taxis, que han dirigido películas, que han atendido tiendas, que han diseñado pañuelos, que han trabajado en consultoras, que han servido cafés, que han fabricado joyas, que han expuesto en bares, que han improvisado performances en el salón de su casa y que han tenido una idea genial para una pieza mientras llevaban a su crío con fiebre al centro de salud.
No eres diferente a ninguno de ellos, así que sigue tu intuición. Confía en tus rarezas, en lo que escondes, en lo que crees que se sale de la norma. No intentes agradar a los cortesanos. Dale una oportunidad a lo que no está de moda. Sospecha de los que nunca se han manchado las manos. Sé agradecido con quien te apoya. Ponle palabras a eso que siempre quisiste decir. Pinta aquello que nunca te atreviste a pintar. Estudia con curiosidad a los viejos del oficio y no le cortes las alas a los nuevos. Escapa de la melancolía y huye del cinismo. Busca tu verdad, cree en ella y exprésala cuando puedas y como puedas. En resumen, haz lo que te dé la gana, pero hazlo. No te puedo prometer que vayas a cambiar el mundo, pero te aseguro que la vida te sabrá un poco mejor, incluso en las noches más amargas.


