Cómo medir el arco de un parpadeo

Barcelona, 10 de agosto de 2022

Cómo medir el arco de un parpadeo, la extensión máxima de la caja torácica al respirar, el paso mínimo, la apertura de las narinas al llegar a lo alto de un monte. Cómo medir la temperatura de una caricia en una despedida. O en un encuentro. O su coeficiente de fricción en un día húmedo de verano. Cómo medir los surcos de un ceño fruncido. O el efecto de un disgusto en las arrugas de tu cuello. O de una alegría. Cómo medir la intensidad de unos brazos agitándose, excitándose. Cómo medir, si es imposible, el instante en el que se te eriza la piel con esa canción. Con esa parte de esa canción. Con esa nota del bajo en esa parte de esa canción. Cómo medir el golpe en la garganta que provoca una conversación inesperada. Cómo medir, si no se puede, si es imposible, que te lo estoy diciendo. Cómo medir la piel que se desprende de tu cuerpo y que forma el polvo de tu propia casa. Cómo medir la piel que se desprende de tu cuerpo y que forma el polvo de otra casa que no es la tuya, mezclándose con la de otro. Con la de otros. Con la de otros anteriores a ti. Cómo medir, en fin, el peso de un domingo en las piernas. Y cómo medir el peso de tus propias piernas sobre los adoquines. No de tus pies, no. Ni de tu cuerpo. Hablo de tus piernas. Cómo medir el peso de tus piernas sobre la arena que está bajo esos mismos adoquines, estabilizando tu paso sin que te des ni cuenta. Cómo medir aquello en lo que no estás pensando. Cómo medir aquello que no estás mirando. Cómo medir aquello que acabas de empezar a mirar. En fin, cómo medir el arco de un parpadeo, del primero. Del primero de todos. Del que da inicio a la vida. Y para qué.

 

Créditos de la imagen: Lihn Ha