Nada, quietud, olas

Madera de iroco expuesta a la intemperie y placas de mármol blanco de Macael grabadas en bajorrelieve
440x1000x40 cm
2016

Del concepto de varadero (entendido como espacio donde un barco abandona el mar, trepa un desnivel, sufre los trabajos de arreglo y es devuelto al mar) me interesan las ideas de ascensión/descensión, de entrada/salida, de mar/tierra/mar y, por tanto, de muerte/resurrección. En el desarrollo conceptual del trabajo decidí construir un varadero esencial, utilizando para ello los mínimos elementos posibles y eliminando todo aquello que fuese superfluo. Cada una de las tres estructuras de la pieza consta de dos vigas paralelas apoyadas sobre otra transversal que actúa como altar y generadora de desnivel. La escala de cada estructura es ligeramente superior a la humana pero deliberadamente inferior a la naval. El trío de estructuras que conforma la pieza incide en la idea de repetición asociada a lo ritual. Las tres estructuras de madera de iroco, se completan con tres placas de mármol blanco de Macael grabadas con tres palabras —nada, quietud y olas— en referencia a un verso del poema Mares de Juan Ramón Jiménez (1881-1958). La instalación queda emplazada en un espacio de la explanada que permite su orientación a la puesta de sol, permitiendo también romper oblicuamente con las geometrías ortogonales de la arquitectura del propio paseo.