Esgrafiados

En junio de 1965, desde su residencia de Buenos Aires, Luis Seoane le escribía una carta a su amigo y socio Isaac Díaz Pardo en la que le explicaba que “existen formas gallegas inéditas que están en el paisaje” y que “ahí están para quien sepa recogerlas”. Unas formas que se pueden percibir en el relieve geográfico, en las herramientas de los oficios o en la arquitectura vernácula.

Los esgrafiados son unas soluciones ornamentales hechas con mortero de cal habituales en la arquitectura popular de la Ribeira Sacra. La necesidad de calear las fachadas se sofisticaba a través de las manos de los albañiles locales que, desde el siglo XVI, reinterpretaban los ornamentos de la arquitectura culta y religiosa que copiaban en sus viajes a ciudades como Santiago de Compostela, Ourense o Lugo.

Mediante la intelectualización geométrica de estos esgrafiados se plantea una serie de trabajos sobre papel en la que las formas del territorio gallego aparecen resignificadas como vestigios de aquellas formas inéditas a las que se refería Seoane.