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Ni bueno, ni noble, ni sagrado

Comisario: Alfredo Aracil
Jacobo Castellano, Fernando García, Christian García Bello
The Goma Gallery (Madrid, ES).
14 de junio – 21 de julio de 2018.

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Sobre la exposición:

“Lo material estaba tan intrincado en lo espiritual que se transcendía a sí mismo, sin dejar de ser material”

César Aira

Las obras reunidas en esta exposición remiten a una estética religiosa que, a pesar de haberse diluido en nuestra sociedad aparentemente laica, todavía atraviesa muchas formas de vida, a partir del contacto con una cadena infinita de imágenes, objetos y creencias que descansan en la duermevela del inconsciente colectivo.

Tanto en su aspecto sensible, como en el posible sentido trascendental que invocan, presentamos trabajos concebidos para una liturgia menor, que toman de manera literal imágenes, formas y componentes orgánicos que cuesta separar de un sistema de creencias concreto, independientemente de si es compartido o no. Es decir, son artefactos simbólicos incluso a su pesar, silenciosos, rodeados de un halo de humildad, en ocasiones miniaturizados. Ajenos a un sentido monumental o grandilocuente, ya que su escala, nada espectacular, los sitúan cerca de aquella máxima de la cultura popular que afirma que Dios está en los detalles. Esto es, del lado de lo trivial y quizás del buen uso de la ironía, bajo la influencia de una pulsión naturalista y no bajo la majestuosidad que comparte mucho del arte producido bajo los supuestos políticos de las grandes religiones.

Lejos así de gestos maximalistas que soslayan que lo espiritual no necesariamente entraña una posición piadosa, ni tampoco una visión sobrenatural de lo incorpóreo, sino una apertura a la inmanencia y al afecto que nos implica en el mundo, al catalizar el contacto entre cuerpos y cosas; y lejos, a su vez, de una visión evolutiva de las artes, cuyo relato teleológico celebra cómo lo contemporáneo abandonó sin más toda implicación religiosa a medida que el siglo XX avanzaba. El conjunto de piezas que presentamos dispone estrategias como el anacronismo, la sinécdoque o la apropiación, evidenciando un decidido amor por la materia y la vida. Una celebración sorda, o quizás un duelo festivo por un mundo siempre al borde del abismo, donde morir y muerte no son lo mismo. La sensación de final necesario que intentan amortiguar estos trabajos explora zonas oscuras, recuerdos e intuiciones, que se asocian con la familiaridad de materiales como la madera, la piedra o el hilo, componiendo una serie de alegorías rebosantes de misterio. Proponemos, así, un trayecto jalonado de supervivencias, retornos y evocaciones de una sensibilidad que es propia y a la vez ajena, donde se retuerce ritos y mitos heredados, para proponer otros nuevos, más plásticos, en una exuberancia iconoclasta no exenta de una religiosidad enfrentada al monoteísmo.

Como un niño ensimismado con su juguete, el artista opera de manera lúdica. Abstrae significados y juega con los significantes, los retuerce sin compasión, para darles otra forma, en un diálogo repleto de paradojas y violencias simbólicas, que tiene como fin desterritorializar lugares comunes. Para su hambre profanadora no hay nada ajeno a su voluntad. De igual forma que tampoco nada queda reservado al ámbito de Dios. Y, sin embargo, de su celo por los objetos y las imágenes, cuando cada profanación implica la posibilidad de pensar qué representa hoy lo sacro y en qué medida debemos alterar sus coordenadas, se desprende una cierta fe en las propias operaciones que sus manos consuman: una fe en el mismo hecho artístico y en el campo de posibilidades que articula. Sacralizar lo profano y profanar lo sagrado. Que en tiempos de la nueva pastoral del mercado, para la que cualquier objeto y operación es capaz de generar plusvalía, significa poner en entredicho el valor de uso y el valor de cambio que dicta esta lógica. Es decir, volver la vista sobre objetos y artefactos aparentemente viejos, frágiles, inútiles o exiguos, al borde de la desaparición total, como una técnica para “recuperar” (Debord) lo pequeño, lo cotidiano y lo menos productivo. Así poner en entredicho todo un sistema de referencias temporales que apunta hacia la construcción de un presente que se mide en términos de eternidad, de un futuro que no llega, cuando el goce y la voluptuosidad nunca andan lejos, danzando alrededor de que aquello que no es ni noble, ni bueno, ni sagrado.

Alfredo Aracil

Bajo el brazo: Entre la palma de la mano y la axila

Comisario: Ángel Calvo Ulloa
Exposición colectiva.
CaixaForum (Barcelona).
30 de enero – 20 de mayo de 2018.

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Sobre la exposición:

No han sido pocas las ocasiones en que los pintores han optado por trabajar al aire libre, frente a la imposibilidad de trasladar un modelo imposible de trasladar al estudio. Este hecho supuso un cambio radical en la relación interior-exterior que se había dado hasta entonces. La obra se vuelve portátil, pero al ampliar el taller y suprimir las barreras arquitectónicas que condicionan su tamaño, será su desplazamiento geográfico el que pase a convertirse en el nuevo obstáculo. Por estas y otras razones, hay quienes optaron y optan por reducir al máximo esas necesidades espaciales, limitando a un simple registro en forma de bocetos, escritos, fotografías o filmaciones su labor como artista.

Bajo el brazo: Entre la palma de la mano y la axila supone una aproximación a esos límites que han condicionado históricamente el trabajo del artista. Un punto de partida que, aunque centrado inicialmente en los límites físicos, va más allá e intenta reflejar la relación del creador con su entorno más próximo. La exposición, comisariada por Ángel Calvo Ulloa, reúne un conjunto de obras —desde pintura, fotografía, instalaciones y la performance– de los artistas Francesco Arena, Jorge Barbi, stanley brouwn, Christian García Bello, Fernando García, Irene Grau, Pedro G. Romero, Pere Llobera, Fina Miralles, Radouan Mriziga, Perejaume, Rodríguez-Méndez, Thomas Schütte y Juan Uslé.

[Catálogo online – ES]
[Más información]

Ahora no es pretérito todavía

Exposición individual.
FORMATOCOMODO (Madrid).
14 de septiembre – 17 de noviembre de 2017.

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Texto:

Dentro de la programación de APERTURA 2017, Christian García Bello (A Coruña, 1986) presentara su segunda exposición individual en FORMATOCOMODO titulada Ahora no es pretérito todavía, y en ella muestra su nuevo cuerpo de trabajo en torno al individuo y su propia escala temporal y espacial. La exposición tiene como punto de partida el anhelo del hombre hacia lo imperecedero, y para ello toma como punto de partida el Estudio filosófico del tiempo recogido en las Confesiones de San Agustín de Hipona y su definición del mismo, poniendo al hombre y su percepción en el centro del tablero. A partir de ahí, García Bello trabaja con conceptos como la temperatura, la conservación y la pátina desde la escultura y el dibujo a través de una estrategia voluntariamente ascética y austera.

Hoja de sala:

[ES · PDF]

Críticas y reseñas:

Miradas IV

Centro Torrente Ballester
Ferrol, A Coruña (España)
9 junio – 9 septiembre 2017

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Miradas IV es un proyecto que nace como memoria y como presente, con un ojo en el retrovisor y otro en objetivos nuevos, en otros nombres y circunstancias en otras posibilidades. El ojo en el retrovisor mira y evoca el ciclo de exposiciones Miradas virxes, que protagonizó parte de la oferta expositiva del Centro Torrente Ballester en los primeros años del siglo XXI. Hoy la realidad que dio fruto a aquel conjunto de exposiciones individuales es bien distinta, seguramente menos eufórica, menos ilusionada, pero igualmente preparada y seguramente más exigida, en tanto que menos apoyada y con menos expectativas. Manuel Eirís, Christian García Bello, Alejandra Pombo e Damián Ucieda son algunos de los más destacados representantes de esta otra generación, cuatro nuevas miradas en cuatro pequeñas muestras individuales entrelazadas en una exposición colectiva.

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Artistas:

Alejandra Pombo, Manuel Eirís, Christian García Bello y Damián Ucieda.

Comisario:

David Barro

Producción:

DARDO

Organización:

Concello de Ferrol

Fotografía:

White Dog Studio

Como tizón quemado

Exposición individual.
CGAC (Santiago de Compostela, España).
Marzo — Diciembre de 2015

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Carbon y grafito sobre madera, cuerda, metal y sayal.
Instalación.
2015

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Comisario:

Alberto Carton.

Hoja de sala:

[PDF]

Más información:

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Fotografía:

Manuel G. Vicente

Nada, quietud, olas

440x1000x40 cm
Madera de iroco expuesta a la intemperie y placas de mármol blanco de Macael grabadas en bajorrelieve.
2016

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Descripción:

Nada, quietud, olas continúa el cuerpo de trabajo que he desarrollado durante los últimos años desde la escultura –abordando siempre temáticas alrededor del paisaje, el individuo y su escala– pero esta vez adaptándose al espacio público y urbano.

Para ello, he tomado como punto de partida la historia de la zona de O Parrote (A Coruña) y en concreto los antiguos varaderos del lugar.

Del concepto varadero (entendido como espacio donde un barco abandona el mar, trepa un desnivel, sufre los trabajos de arreglo y es devuelto al mar) me interesan las ideas de ascensión/descensión, de entrada/salida, de mar/tierra/mar y, por tanto, de muerte/resurrección.

En el desarrollo conceptual del trabajo decidí construir un varadero esencial, utilizando para ello los mínimos elementos posibles y eliminando todo aquello que fuese superfluo. Cada una de las tres estructuras de la pieza consta de dos vigas paralelas apoyadas sobre otra transversal que actúa como altar y generadora de desnivel. La escala de cada estructura es ligeramente superior a la humana pero deliberadamente inferior a la naval. El trío de estructuras que conforma la pieza incide en la idea de repetición asociada a lo ritual.

En la instalación final, las tres estructuras de madera de iroco, se completan con tres placas de mármol blanco de Macael grabadas con tres palabras —nada, quietud y olas— en referencia a un verso del poema Mares de Juan Ramón Jiménez.

Siento que el barco mío
ha tropezado, allá en el fondo,
con algo grande.
¡Y nada
sucede! Nada… Quietud… Olas….
—¿Nada sucede; o es que ha sucedido todo,
y estamos ya, tranquilos, en lo nuevo?—

La instalación queda emplazada en un espacio de la explanada que permite su orientación a la puesta de sol, permitiendo también romper oblicuamente con las geometrías ortogonales de la arquitectura del propio paseo.

Paciencia y barajar

Exposición individual.
FORMATOCOMODO (Madrid).
5 de junio – 24 de julio de 2015..

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Texto:

Paciencia y barajar es la primera exposición individual de Christian García Bello en Madrid. La muestra pretende trazar una línea sobre su trabajo recorriendo la investigación del artista en los últimos años alrededor del individuo y su escala ante el paisaje.

El título hace referencia a una cita extraída del Quijote que Unamuno recogería en un artículo para hablar de su propio estado de espera, tratando de establecer un paralelismo entre el acto de barajar los naipes y el movimiento de las olas del mar. La paciencia -nombre francés del juego del solitario- entendida como no-acción y el barajar como un automatismo necesario y previo a la construcción de orden.

En ese punto entre la espera y la ordenación es donde se encuentra su trabajo actualmente. Se trata de aunar la simplificación que toda idealización requiere con un proceso de esquematización formal, pero sin perder de vista una permanente intención de construir estructuras de sentido suficientemente complejas.

Hoja de sala:

[ES · PDF]

Críticas y reseñas:

García Bello, distancia apasionada · Elena Vozmediano · [El Cultural]

Fugir para lado algum

Exposición colectiva.
28 de noviembre de 2014 — 10 de enero de 2015
Maus Habitos (Porto, Portugal)

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Artistas:

Ángela Cuadra
Carlos Maciá
Nacho Martín Silva
Irene de Andrés
Fermín Jiménez Landa
Suso Fandiño
Diego Vites
Christian García Bello
Xurxo Chirro
Black Tulip

Comisario:

Ángel Calvo Ulloa

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Texto:

Pedalear sobre una bicicleta estática es de algún modo viajar a ninguna parte. Sin embargo el trayecto está ahí, y la experiencia es, como remarcara Constantine Cavafy, el destino mismo de nuestro viaje. Se pregunta Adam Phillips ¿Por qué nos seduce tanto la idea de la huida, y sin embargo despreciamos a los que huyen? ¿Por qué es normal que la gente quiera escapar? ¿Qué hace la gente una vez que ha escapado? Huir a ningún lugar busca arrojar luz con respecto al acto creativo, a la capacidad o intento de evasión que supone sacar adelante un trabajo por medio del cual el artista encuentre esa brecha por la que abandonar temporalmente su cautiverio. Sin embargo, como en el caso de Houdini –al que Adam Phillips dedica su obra-, la evasión es momentánea y geográficamente apenas se desplaza de su punto de partida. El modo de operar de Houdini daba por sentado que la verdadera aventura era liberarse, más que estar libre.

Sobre mi trabajo:

Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio

Como punto y final de esta propuesta, Christian García Bello echa mano de un verso de Antonio Machado (1875-1939), Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio, y plantea una instalación en base a la relación de una serie de elementos cargados de una simbología fúnebre –la madera de pino, los golpeadores, los clavos o el cuero- con su propio cuerpo. Podría tratarse de un último viaje, del que realizamos en el momento de la muerte.

Texto completo:

[ES – DOC]

Créditos:

Textos: Ángel Calvo Ulloa
Fotografías: Miguel Calvo

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