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Hace 12 meses salí desde Berlín-Schönefeld en un avión de la histórica Aeroflot con destino Moscú-Sheremétievo. No se trataba de un viaje de placer si no el eje sobre el que se estructuraría Project Moscow, un proyecto llevado a cabo gracias a la galería 9THE13 y Dánada Libertas. Los resultados del proyecto han sido expuestos tanto en el MAC de A Coruña como en el MARCO de Vigo, donde todavía pueden verse.

La capital rusa dejó una huella importante en mi. Cuando una ciudad que has visitado sigue haciendo efecto en ti doce meses después de haberla pisado es que algo hay en ella. No sabía muy bien que esperar de la ciudad, y me esforcé en ir un poco a ciegas y que fuese la propia ciudad la que marcase el camino de mi proyecto. La primera impresión, al salir de Sheremétievo y adentrarnos en Moscú, ya de noche, es que era tremendamente inabarcable. Por dimensiones y por población. He visitado algunas ciudades grandes e importantes capitales, pero el carácter de Moscú es difícil de ignorar.

Cuando hablo del viaje siempre resumo mis impresiones en varios puntos: tiene una bellísima e imponente arquitectura, un urbanismo deshumanizador y es tremendamente violenta con todo aquel individuo que no esté motorizado. Los coches prevalecen sobre el peatón, y la contaminación ambiental y sobre todo acústica consigue hundirte. Si vas a hacer turismo probablemente no sea la ciudad más adecuada, pero si tienes cierta sensibilidad y nociones de historia, arte y arquitectura no puedes dejar de ir.

Varias curiosidades que siempre cuento de la ciudad: La Plaza Roja no es ni de lejos el lugar más bonito de Moscú, y aunque efectivamente es inmensa no lo parece, ya que simplemente está a la escala de la ciudad. Otra curiosidad, ésta mucho más terrible, es que estés donde estés siempre parece que alguna de las Siete Hermanas, los rascacielos de Stalin, está vigilándote. Dudo que esta impresión sea casual, dado el carácter liberticida y coercitivo de quien hizo el encargo, y realmente cumple su función. No pude ver los siete edificios, pero todos los que vi tienen una belleza difícil de olvidar y una actitud grandilocuente. De todas las torres, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia me pareció la más inquietante y terrible, y por ello quizá la más emocionante.

Tras tanto paseo asfixiante llegó un momento en el que necesitaba un respiro del tamaño de Moscú, así que una tarde me aventuré a errabundear por una zona que no tenía marcada en el mapa, no muy lejos del hotel. Afortunadamente me encontré en un barrio tranquilo, de edificios bajos, sorprendentemente vivible aunque también de notable clase alta. Sin quererlo, llegué a una zona conocida como Patriarshiye Prudy, los Estanques del Patriarca. Me pareció un parque inmensamente bello, un pequeño pulmón y un remanso de paz, pero por culpa del resto de la ciudad me dió la impresión de tener un punto oscuro, grisáceo. Finalmente ese lugar y la investigación posterior fueron clave para desarrollar mi trabajo final para Project Moscow, un repaso temporal mezclando realidad y ficción sobre la historia del estanque que todavía existe y sus hermanos ya desaparecidos y enterrados que supuestamente no estaban muy lejos del principal. El resultado puede verse aquí:  Los tres estanques.

A continuación dejo algunas fotos de la ciudad, cuyo recuerdo se ha ido edulcorando con el paso del tiempo pero que todavía deja poso en mí.

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  • Bajo el brazo: Entre la palma de la mano y la axila
    CaixaForum (Barcelona)
    30.01.2018 — 20.05.2018

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    DIDAC, Fundación Granell, Iglesia de la Universidad (Santiago de Compostela)
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