(Español) Aprendiendo a caminar: un idilio con la arquitectura desde la escultura

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Recuerdo pasar tardes enteras dibujando calles y avenidas con cinta de carrocero sobre el suelo de la antigua casa de mis abuelos cuando solo superaba escasamente el metro de altura. Les ponía nombre, imaginaba los edificios y los negocios y tomaba decisiones sobre la circulación de los coches, anticipando posibles conflictos.

Mi hermana lo ha contado muchas veces: fue mi abuelo el que nos enseñó a caminar y a explorar la ciudad. A saber que ésta tenía una historia anterior a nosotros y que uno podía observarla, estudiarla e incluso llegar a transformarla. Mi abuelo no completó sus estudios y, siendo todavía un crío, empezó a trabajar en la obra porque quería escapar del rural. Y lo hizo a pie, literalmente. Todos los días caminaba una decena de kilómetros hasta el trabajo y regresaba, cambiándose las zocas por los zapatos en la frontera de la ciudad. Yo me crié entre sus inmensos paseos y una pequeñísima colección de enciclopedias de historia, naturaleza, arquitectura y construcción. Siempre he pensado que si la igualdad de oportunidades fuese una realidad y no una quimera mi abuelo habría sido arquitecto. Del mismo modo, ahora creo que si no llego a perderlo tan pronto yo sería un escultor bastante más hábil de lo que soy.

Así y todo, llevo más de treinta años preguntándome cómo el individuo percibe, habita y transforma el paisaje, aunque solo los últimos veinte de un modo plenamente consciente y los últimos diez dedicándome a este oficio. Un ejercicio en ocasiones obsesivo que me lleva a recoger esas formas vernáculas e inéditas del territorio, a analizar cómo otros las han empleado y a intentar sintetizar un lenguaje que vectorice y active la poética intrínseca de los materiales. Por eso encuentro tantas respuestas en la arquitectura a lo largo de los siglos. En los barrios de A Coruña, en los hórreos del interior de Ourense, en las iglesias de Bruselas o en los edificios de Barcelona. Siempre mirando, siempre tocando, siempre pisando. De algún modo rasgando y pegando pedazos de cinta de carrocero sobre aquel mapa dibujado sobre un suelo de corcho.